Hay
una sombra donde las curvas trémulas cometen una moción directo al mediastino
encerrado debajo de la piel cruda.
El
vistazo oscuro busca seguir las líneas sin génesis ni desenlace que se esconden
debajo de tus prendas grises,
Mis
manos son como una turbia luz sin márgenes que se escurren entre las telas que
descansan en la superficie de la epidermis que desemboca en la orilla de tu
voz.
La
vibración me suspende en una lucidez donde la visión se transforma en ceguedad,
no hay más que el silencio y la conmoción de sangre como un volcán.
En
ese instante donde no queda nada más que seguirle dando vueltas al tiempo
Ese
instante donde la lejanía no es más que un viento áspero
Ese
instante donde el sonido y la imagen se encuentran solamente en la recreación
de tu psiquis.
La
sensación del tacto es tan sutil como los ojos angustiados que se esconden
entre las tinieblas de los párpados húmedos.
No
quiero aceptar la partida inevitable que me carcome los sueños, las ilusiones:
tú.
Pero
esta lúgubre manía de seguir tu tren, esta lúgubre manía de suspirarte, me
arrastra al pañuelo culposo que será el remordimiento de la ausencia.
La
fuga me corrompen los pulmones y todas aquellas vísceras que le gritan al alba
tu existencia y tu desvío.
Reminiscencias
arropan mi hipocampo y anhelan la destrucción que causa tu mirada,
Anhelan
la contemplación de tu virtud que me carcome, allí donde mis sentidos jamás
quieren rehuir.
Tu
visión fantasmagórica rodea a mi esclava memoria de ilusiones, aquellas memorias empapadas de absolutamente
todo, de ti.
De tu corazón al mío, nos hacemos eternas en las palabras y en todas las dimensiones del amor. Te amo amor de mí.
ResponderEliminarTu M.