La mujer sin rostro decidió huir e introducirse en una introspección profunda.
Oculta en una cueva (en una guerra), llena de ira y odio, se pregunta si en algún momento podrá
incorporarse a la bazofia humana, una vez más. Poner en una balanza la soledad y la mugrosa e
inhumana sociedad, dejar caer a un lado el peso total de una opción.
La mujer sin rostro, la mujer sin rastro. El terror a los acontecimientos y accidentes (o
no accidentes) sociales le hurtan y arrebatan la cura mental que anhela o quizá, solamente, necesita.
Tener los ojos bien abiertos causa gangrena (necesaria) de la conciencia.
Triste realidad, no existe el túnel sin tiempo.
Agarrándose de los hilos terrenales que se entienden en ciertos sucesos.
La mujer sin rostro decide no partir.
El lugar habitado se convierte en su casco óseo, y ella, su interior.
Un lugar lleno de murmullos, telarañas en bulto y sucesos maldecidos incrustados en la orilla de la
cordura.
Esta vez se escapa, aquella, ella, se esfuma, se deshace , se desintegra, mi conciencia y yo, mi
cordura y yo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario