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Significado de la palabra sexo.
Etimología de una separación.
Es extraño como algunas palabras se adaptan a nuevos conceptos, a nuevas formas de interpretar la realidad y las emociones. Cabe sospechar que este mecanismo de adaptación corresponde sólo a términos maleables, morfológicamente inestables; sin embargo, las metamorfosis de la lengua alcanzan a todas las palabras, aún aquellas que definen actividades que no han cambiado casi nada.
Ni siquiera el sexo está libre de alteraciones.
La etimología de la palabra sexo es, quizás, una de las más antiguas. Su pasado se remonta al protoindoeuropeo, e incluso más allá, en los inapelables balbuceos de las primeras tribus organizadas del Indostán. No obstante, si bien el sexo ha cambiado, es decir, sus formas y convenciones no son las mismas, el acto se conserva prácticamente inalterable, y sería reconocido por cualquiera de aquellos remotos polígrafos del pasado.
¿Por qué entonces si el sexo sigue siendo el mismo, o parecido, la palabra que lo define ha cambiado tanto?
Es lógico asociar la palabra sexo a la unión de los cuerpos. Si hay algo difícil de imaginar, diría un filósofo anacrónico, es pensar en el sexo como una desunión, un desapego, una separación. Sin embargo, la palabra sexo significa exactamente eso.
Sexo proviene del latín sexus, y éste de sectus, consignado por primera vez por Cicerón en su obra De Inventione. Literalmente significa "separado, cortado", algo insólito si tenemos en cuenta su uso posterior. De hecho, sectus deriva del verbo sectare, "separar, cortar, dividir".
Pero es fuera del latín y sus aplicaciones formidables donde la palabra sexo, a medida que retrocedemos en el tiempo, adquiere formas más y más extrañas. El protoindoeuropeo sek, "cortar", no difiere demasiado. Menos aún el inglés antiguo scythe; "seccionar", de donde proviene la palabra saec, y, posteriormente, sword, "espada"; evolución que hace difícil imaginar las proposiciones lascivas de los antiguos anglos, cuyos receptores no sabrían diferenciar entre un lance amoroso y una invitación a la guerra.
Resulta desconcertante que el momento de mayor unión física entre dos personas se defina mediante una separación. Sin embargo, el término sigue allí, por el momento, sin intenciones de revelar su irónica intrínseca.
Lord Aelfwine.
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